viernes, 16 de enero de 2015

Hacia el estrellato




El Camino es el séptimo álbum del duo formado por Dan Auerbach y Patrick Carney. Tras el éxito de su anterior Brothers, las espectativas creadas las cumplieron con creces, creando un disco contundente, sin altibajos notables, muy influenciado por ese rock setentero que hace que cada uno de los temas formen parte de nuestra memoria musical sin apenas exigirnos esfuerzo. Esto puede ser bueno o malo, según qué punto de vista, pero no por ello desmerece la vitalidad y la fuerza de estas once musculosas canciones. 

El dío de Ohio vuelve a trabajar aquí con el productor (y co-autor en algunos temas) Danger Mouse. Tras varios meses encerrados en el Easy Eye Sound Studio, The Black Keys terminan lo que supondrá el empujón definitivo hacia la banda de estadios. Temas bailables como Lonely Boy o Stop Stop:

Temas con mucho cuerpo como Hell of Season. Riffs de guitarra tan pegadizos como inolvidables:
  
El cuarto corte del disco, Little Black Submarines, tuvo una enorme acogida entre los críticos, y sin embargo, desde mi punto de vista, es un tema que me deja un sabor de boca amargo. Suena a Starway to Heaven por todos lados, llegando a dudar entre si es un homenaje o un plagio del mismo. Lo mejor es que lo escuchéis y opinéis vosotros mismos:
  
La portada del disco es una broma, quizás solo entendida en América, sobre el propio título: El Camino es el nombre de un Chevrolet bien conocido allí, pero en la foto el vehículo que sale es un Plymouth Grand Voyager, similar al que utilizó la banda en sus comienzos, un vehículo musculoso, como la propia música del disco. En el formato vinilo hay un libreto con fotografías de vehículos similares, todos ellos de la ciudad de Akron.

Es por tanto un disco con temas efeicientes, de una duración justa, compacto, sin concesiones ni rellenos innecesarios, con instrumentación mínima, creado sobre la marcha en el estudio, en caída libre, mezcla de blues y rock, fresco, lleno de talento, lo que ha convertido a estos The Black Keys en un grupo de los grandes del panorama internacional.


Por cierto, como bien indican en la portada, el disco debe ser... Play loud! 

 

miércoles, 14 de enero de 2015

A modo de presentación

Os preguntaréis por qué comienzo este blog con Andreas Vollenweider. Quizás penséis que mi gusto estético tiene estas preferencias de estilos dentro del infinito mundo de la Música. Pero poco a poco iréis descubriendo que esto no es así.
La verdadera razón es que esta mañana, mientras iba en el coche re-escuchando este disco, pensé que ya era hora de que pusiera en marcha un blog en el que hablar de mi verdadera pasión. Así que aquí me tenéis, agradecido de vuestra lectura y con ánimo de compartir con vosotros esto que amo: la Música.




Down to the moon pertenece a ese género inventado por alguna mente pensante amante de las etiquetas llamado new age, cajón de-sastre en el que cabía, y cabe, de todo, desde la creatividad sin par de Steve Reich hasta la música para meditar y relajarse. Género, por tanto, controvertido, incluso palabra prohibida en ciertas conversaciones "cultas". Como lo mejor es huir de estos etiquetados, centrémonos en lo importante.

Supuso éste, el quinto album de Andreas Vollenweider (sexto si tenemos en cuenta su EP de 1.983 Pace Verde) un punto álgido en su carrera. El sonido inconfundible de su particular arpa modificada (arpa electroacústica), su también muy personal forma de tocarla, así como sus reconocibles composiciones tienen aquí la máxima expresividad. Grabado en los ya desaparecidos estudios Sinus, en Berna, Suiza, en la primavera de 1.986, y producido por el propio Vollenweider, obtuvo su mayor reconocimiento a nivel internacional con la concesión del premio Grammy a la mejor grabación de New Age. A esto se sumaron una gran cantidad de conciertos por todo el mundo, consolidando la ya prolífica carrera de este compositor y músico suizo.

Lo primero que llama la atención de este álbum es su portada. Se trata del cuadro "Moon painter" del artista alemán Peter Ritzer http://www.peter-ritzer.com/   , que nos da una pista engañosa sobre lo que podremos escuchar en el disco, ya que no es todo serenidad ni recogimiento lo que hay en él. Temas sin solución de continuidad que se agrupan en dos partes (claramente diferenciadas en el formato vinilo): The Near Side (cara A) y The Far Side (cara B). ¿Las dos caras de la luna? Posiblemente, aunque ninguna de ellas es oscura ni oculta. Más parecen lo contrario, cristalinas ambas y muy terrenales.

Con un tema inicial que me recuerda a mis queridos Himekami, y en el que se sintentizan muchos de los propósitos de este trabajo, el disco se abre pronto al ritmo a través de su segundo tema, "Moon dance":


The Far Side comienza con un exquisito tema titulado "Quiet observer":


y contiene lo que para mí es el tema fundamental de todo el álbum: "The secret, the candle, and love":


Hay en este disco influencias de músicas de diversas partes del mundo, principalmente orientales, y en él coexisten los sonidos naturales (es bien conocido el afán ecologista de Andreas Vollenweider) con sonidos ambientales creados a partir de teclados y guitarras, con estos "Andreas Vollenweider & Friends" (AVAF) perfectamente acoplados y sintiéndose a gusto con lo que hacen.

Creo que no está de más refugiarse de vez en cuando en álbumes así, ya clásicos, y recuperar sus esencias y, de paso, nuestras emociones de antaño.